Fernando Brizuela Spotlight

¿Cómo te formaste?

Mi formación es en Bellas Artes, probablemente como muchos de los otros artistas de Carnaval, por el perfil que tiene. Estudié en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón. No me acuerdo bien en qué año habré ingresado, pero alrededor del 97 estaba cursando y fue muy buena la experiencia, sobre todo porque en ese momento las camadas de alumnos se dividían por turnos y uno entraba con un grupo de estudiantes con los que más o menos cursabas toda la carrera. Estuvo bueno porque cuando veníamos terminando la carrera y viendo que el mundo de las artes visuales era bastante hostil, varios de los que nos reconocíamos como colegas… esa era una escuela que te daba una formación de profesor, pero algunos teníamos la intención de ser artistas, como fuera, sin entender mucho porque la escuela no era muy clara sobre qué era ser un artista profesional. En fin, cuando nos autoreconocimos con la gente que estaba más o menos en la misma formamos un grupo que se llamó ø (Cero Barrado) e hicimos varias exposiciones juntos. De ahí hay varios artistas que siguen trabajando como Verónica Romano, Hernan Salamanco, Max Gomez Canle, Pablo Zicarello, Florencia Rivas y Natalia Cacharelli. El grupo nos sirvió para hacer cosas mientras estábamos terminando la carrera y cada uno iba viendo a su manera cómo era el mapa de lo que es el mundo del arte en argentina, y ni hablar en el mundo, que era totalmente desconocido para nosotros. Ahí también conocí a Juan Doffo, que es un pintor que estaba muy vigente en los años 90 y que fue un gran formador de artistas. Además me formé con Carolina Antoniadis, que fue mi mentora y con quien mantengo una amistad de muchos años.

Otro aspecto fuerte de mi formación fue… alrededor del 2008, un poco de casualidad como pasa todo, empecé a trabajar con León Ferrari a partir de una colaboración que hice con él en el Centro Cultural Recoleta. Eso fue muy importante para mí porque, si bien él no enseñaba arte, el hecho de poder ir libremente a su taller a ayudarlo con algunas cosas…

Cuando él falleció tuve una sensación de que me gustaba tanto esa magia, esa cosa de estar ahí con sus muñecos, sus máquinas, sus pigmentos… extrañaba mucho a todo ese mundo y ese fue un momento clave para mí porque empecé a producir mucho tratando de recapturar esa energía que sentía y vivía dentro del taller de León.

 

¿Qué te llamó la atención de los NFTs? ¿Te parece una buena alternativa para la venta de arte en el futuro?

A mi me gustó mucho cómo el mundo de los NFTs fue cambiando el juego en muchos aspectos, o sea, aparecieron nuevos actores, nuevas plataformas, nuevas galerías… Me imagino que también hay nuevos consumidores, mucha gente que era completamente ajena al mundo del mercado y del circuito del arte contemporáneo se empezó a interesar por ver arte a través de otros lugares. Eso me parece que es la parte más positiva. Esto de que haya menos controles que en el mundo del arte, que a veces parecen policíacos… Viste que tenés que pasar por distintas instancias como editar catálogos, hacer exposiciones en ciertas galerías, etc. Hay todo un mecanismo de legitimación que a veces, desde el punto de vista del que no conoce nada, cree que todo eso es una mafia y que está todo arreglado, pero no es tan así, también hay mucho talento, esfuerzo y trabajo, y cuando uno ve cosas expuestas en lugares de mucho prestigio suelen ser piezas de mucha calidad, no son de un cualquiera que solamente hizo bien las cosas.

El mundo de los NFTs rompe un poco todo eso, porque es como dar el juego de otra manera, y llega a un montón de gente que está interesada, que compra y que mueve pero, al mismo tiempo, es cierto que en esta actitud de “si a mi me gusta lo compro”, teniendo todo expuesto como en una gran vidriera, puede pasar que al no tener una formación fuerte en arte o al no estar familiarizado con la historia del arte, cosas que parecen asombrosas, originales o curiosas, si tenés formación especializada te das cuenta que en realidad son cosas que ya se hicieron, que no son originales ni novedosas. Tal vez ves todos los movimientos del arte, desde las vanguardias artísticas del siglo XX hasta hoy, replicándose en nuevas combinaciones. Eso en el mundo del arte es muy estricto y no tendría ningún tipo de valor. En este sentido, el mundo de los NFTs es fascinante, pero también puede ser frustrante porque si no hay una curaduría, si no hay un ajuste, es un riesgo. Por eso me interesó Carnaval, porque hay una intención de seleccionar a los artistas, de buscar cosas que ya tengan una trayectoria, un desarrollo. Eso está bueno y por eso me sentí cómodo acá. También quería tener la experiencia de hacerlo y todo cuadró perfecto en el momento justo, así que me lancé a presentar estas tres piezas.

 

Tus obras que están en Carnaval son animaciones ¿En el último tiempo te formaste en algo relacionado con animación o arte digital?

Mirá, la experiencia con los NFTs tuvo que ver con el desarrollo de proyectos en el espacio público. Como los trabajé de manera digital, me pareció que tenían un lenguaje que se correspondía muy bien con el lenguaje de los NFTs. Y como al mismo tiempo había hecho las acuarelas… Justo ahora me agarró una locura de Land Art y empecé a hacer muchos paisajes. Me gusta la pintura en acuarela, y también me puse a trabajar mucho el tema de una garra o una mano que surge de la tierra. También hice otra serie que son como porros gigantes que salen de la tierra. Lo cierto es que me copé haciendo muchas versiones, muchos paisajes, muchas posibilidades hipotéticas, o sea no es que las voy a terminar haciendo. Uno nunca sabe en realidad, pero de ahí empezaron a surgir estos bocetos, y estas tres obras que presento en Carnaval son parte de ese trabajo. Son tres obras que pude traducir a este lenguaje digital, para mí quedaron fascinantes, quedé muy contento con el resultado. Existe la posibilidad de adquirir el NFT y también la acuarela.

 

Como artista, cuando creás una animación como las que están en Carnaval, tu proceso creativo y tu forma de trabajo, son muy distintos que para el resto de tu producción?

Si, en realidad sí porque todo lo que es mi cuerpo de obra está más relacionado con objetos y esculturas por un lado, y con toda una producción de acuarelas por otro, que en realidad surgió, como surge todo, del mero placer y de la gracia que yo le encuentro al material de la acuarela, que no lo encuentro en otras técnicas. En el caso de las animaciones, como yo no tenía las herramientas prácticas para realizarlas, lo que hice fue trabajar con un chico que es amigo mío de la escuela de arte, él se especializó en animación digital y trabaja haciendo renders. Empezamos a trabajar juntos para desarrollar estas tres versiones del… yo llamo monstruo a toda la serie. Fue muy lindo el proceso de trabajo porque fuimos viendo como sería el paisaje, qué tipo de árboles, cómo sería el ambiente, y yo quedé fascinado con el resultado porque, claro, él tiene mucha cancha en la incorporación de los personajes, hace que todo se vea muy natural a pesar de que se entiende a primera vista que es un lenguaje bastante artificial.

 

Aprovechando que mencionás a los personajes: tus obras, en general, son las esculturas de los monstruos, que no están en el contexto que les da el paisaje. Que haya otros personajes y un ambiente que los rodea cambia la escena. ¿Qué estás diciendo en estas obras que no decís en tus obras físicas?

Es verdad que se ve como una situación un poco inexplicable, como si fuese algo medio ritual, algo que está surgiendo de la tierra. Yo igual lo quería relacionar también… esto son cosas que estoy pensando ahora pero seguramente alguno de estos proyectos se va a terminar materializando, porque está empezando el proceso de producción para hacerlo a gran escala, y yo pensaba en cómo vincularlo con el sentido de mi investigación sobre plantas alucinógenas. La idea sería asociar la obra a un proyecto de cultivo, o sea que la obra sea la obra en sí, que la tierra se dió vuelta (en términos materiales y filosóficos también) y entonces aparecieron todas estas plantas, que también podrían ser floripondios, estramonios, eventualmente podrían ser cactus… En fin, habría que trabajar la visualidad de ese paisaje, pero el plan sería convertir eso que no deja de ser una obra en un pequeño cultivo de cannabis.

 

¿Qué te llevó a elegir la figura del monstruo en tu obra? ¿Cómo se juega la idea de lo monstruoso en tu obra?

El monstruo surgió originalmente asociado al prejuicio que existe con relación a las drogas, sobre todo con su uso recreativo. La sociedad o parte de la sociedad, en realidad este es un parámetro que cambia rápido pero desde los años 70, que fue cuando las drogas y la marihuana se empezaron a asociar más fuertemente con la contracultura, el rock, el hippismo, la libertad, etc., las drogas comenzaron a ser bastantes combatidas y siempre asociadas a algo demoníaco, monstruoso, marginal, degradante… o sea, siempre algo que podría transformarse en un “cuco”.

Las primeras ideas que tuve respecto al monstruo fue de un espantapájaros, algo que se pone ahí para espantar o ahuyentar. Esa fue la idea original pero después empecé a investigar y a meterme mucho más en el tema. El universo de los monstruos tiene una enorme presencia en la historia del cine, de la ficción literaria, y también contemporáneamente ya está instalado en en el imaginario colectivo con figuras como King Kong, el Increíble Hulk, en el Señor de los Anillos hay unos árboles que caminan, Moss Man de He-Man, el Yeti… hay muchísimos. Todas esas figuras que son super famosas y están en el imaginario colectivo, yo las voy combinando y recombinando en lo que yo llamo monstruos porque van incorporando toda esa historia. Son todos monstruos en su mayoría bestiales, o sea monstruos relativamente humanos pero bestiales, agresivos, violentos, así que esa es la vinculación con la asociación que siempre se hizo con las drogas. Hoy, de algún modo, sigue vigente en la sociedad, o sea, no es algo que se haya desarticulado completamente, es un paradigma en lucha, un campo de batalla. Tiene su costado incómodo, que es siempre lo que me fascina de los trabajos que yo hago. Porque no es algo que a todo el mundo le resulte tan amigable, la marihuana, pero también tiene su costado donde te podés sentir más identificado por esto del universo de los monstruos en nuestra cultura que hace que no te sientas ajeno a eso, como que te permite reconocer algo aunque por encima tiene otra cosa que resulta un poco más rara. Es una estrategia.

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